La salud de los hombres es más que aguantar en silencio
Joel Lampert, PsyD |
Junio es el Mes Nacional de la Salud Mental del Hombre, y tengo una confesión que hacer:
Soy médico, y la verdad es que no me gusta mucho ir al médico: a ningún tipo de médico.
Ahora, antes de que empiecen a llegar los correos indignados, déjenme aclarar algo: la mayoría de los médicos son personas maravillosas. El problema no son ellos. El problema soy yo.
Como a muchos hombres, se me da bastante bien convencerme de que las cosas pueden esperar. ¿Un síntoma persistente? Seguramente no es nada. ¿El estrés se acumula? Ya lo resolveré después. ¿Algo no se siente del todo bien? Démosle unas semanas más a ver qué pasa.
Si eso te suena familiar, no estás solo.
A muchos nos enseñaron, directa o indirectamente, que ser fuerte significa resolver las cosas solos, aguantar la incomodidad y evitar ser una carga para los demás. Cuando se trata de nuestra salud, esa mentalidad puede convertirse en la receta perfecta para problemas mucho más difíciles de resolver más adelante.
La verdad es que la salud de los hombres merece atención, no porque los hombres seamos frágiles, sino porque somos humanos.
Las cifras cuentan una historia importante.
Casi uno de cada cinco hombres presenta una afección de salud mental en un año dado. Sin embargo, menos de la mitad de los hombres con una afección de salud mental diagnosticada reciben tratamiento. Eso significa que millones de hombres están luchando sin apoyo.
Las consecuencias pueden ser devastadoras. Las tasas de suicidio entre los hombres son casi cuatro veces más altas que entre las mujeres.
Parte del problema es que los trastornos de salud mental no siempre se manifiestan de la forma en que la gente espera.
La depresión, por ejemplo, no siempre es tristeza. En los hombres, puede manifestarse como irritabilidad, ira, fatiga, mayor propensión a asumir riesgos, molestias físicas, alejamiento de los seres queridos, o simplemente la sensación de sentirse "raro". Como estas señales no encajan con los estereotipos que muchos tenemos sobre la depresión, los hombres a menudo quedan sin diagnóstico, sin tratamiento o sin apoyo.
Hay otras realidades de las que no hablamos lo suficiente.
Al menos uno de cada seis hombres ha vivido un trauma sexual. Eso es lo que hemos podido medir. Muchas experiencias nunca se denuncian ni se revelan.
Para cuando llegan al final de la adolescencia, aproximadamente el 40 % de los hombres jóvenes ha vivido experiencias adversas en la infancia (ACE, por sus siglas en inglés), como abuso, negligencia o disfunción familiar. Las investigaciones muestran de forma constante que puntuaciones más altas de ACE están asociadas con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes, trastornos por consumo de sustancias, depresión y una esperanza de vida más corta.
Cuando observamos la salud física, las estadísticas siguen siendo alarmantes. Aproximadamente dos de cada cinco hombres recibirán un diagnóstico de cáncer a lo largo de su vida, y muchos enfrentarán formas invasivas de la enfermedad.
Pero ninguna de estas experiencias es un destino inevitable. La intervención temprana, la conversación honesta y una conexión sostenida pueden cambiar de forma significativa el rumbo de la salud de un hombre, tanto física como psicológicamente. Lo que más importa no es lo que nos ha pasado, sino si contamos con el apoyo y la disposición para responder.
Este texto no busca ser pesimista.
Se trata de reconocer que cuidarnos no es debilidad. Es responsabilidad.
Se trata de entender que la salud no es algo en lo que pensamos solo cuando algo sale mal.
Se trata de ser intencionales.
Si todavía no tienes un proveedor de atención primaria, considera establecer esa relación. Un chequeo médico anual tal vez no sea lo más emocionante de tu año, pero puede ayudar a identificar problemas antes de que se vuelvan más grandes.
Habla con tu proveedor de salud sobre los exámenes preventivos adecuados para tu edad. Según tu edad, tus antecedentes familiares y tus factores de riesgo, eso podría incluir pruebas de detección de cáncer, análisis del antígeno prostático específico (PSA), colonoscopia, control de la presión arterial, análisis de colesterol u otras medidas preventivas.
Si eres sobreviviente de cáncer, tu historia de salud no terminó cuando terminó el tratamiento. Mantenerte comprometido con tu plan de atención para sobrevivientes y ser honesto con tu equipo médico sobre cómo te sientes realmente, física y emocionalmente, sigue siendo una de las cosas más importantes que puedes hacer por ti mismo.
Mantente al día con las vacunas recomendadas.
Mueve tu cuerpo con regularidad. Que quede claro: moverse no tiene que significar correr maratones o entrenar para un Ironman.
Ya sea que tu maratón sea el Hood to Coast o simplemente ir del sofá al buzón, estoy de tu lado. Lo importante es la constancia. Camina. Anda en bicicleta. Cultiva un jardín. Nada. Levanta pesas. Baila torpemente en tu garaje. Encuentra algo que puedas sostener en el tiempo y sigue haciéndolo.
Presta atención a lo básico, que es fácil de descuidar: una alimentación nutritiva, un sueño de calidad, el manejo del estrés, prácticas sexuales seguras y una reflexión honesta sobre las sustancias que le das a tu cuerpo.
Mantente conectado.
La conexión nos protege.
Pasa tiempo con amigos. Únete a un grupo. Sé voluntario. Participa en actividades que te den propósito y comunidad. Habla con personas de confianza. Si sientes que puede ayudarte, considera hablar con un terapeuta, consejero, entrenador, líder religioso, médico u otro profesional.
Vale la pena recordar que cuidar la salud mental no siempre significa ir a terapia.
A veces significa finalmente hablar con honestidad con un amigo. A veces significa unirte a un grupo de apoyo, reconectar con tu comunidad de fe, ver a tu proveedor de atención primaria, atender un problema de consumo de sustancias, o simplemente permitir que alguien más sepa que la estás pasando mal. No existe una única forma correcta de empezar a cuidar tu salud mental. Lo importante es empezar.
Las decisiones que tomamos sobre nuestra salud afectan a más personas además de nosotros mismos. Ya seas padre, entrenador, supervisor, mentor, compañero de equipo, vecino o amigo, alguien te está observando. Cuando buscamos ayuda, asistimos a nuestras citas, hablamos abiertamente de nuestros desafíos, priorizamos el autocuidado o apoyamos a otros a hacer lo mismo, demostramos que la fortaleza y la vulnerabilidad pueden coexistir. Ayudamos a crear una cultura donde cuidarnos a nosotros mismos y a los demás es lo normal.
Si estás leyendo esto y piensas en alguien más (un esposo, padre, hijo, hermano, pareja, amigo, compañero de trabajo o vecino), pregúntale cómo está. No todas las luchas son visibles. A veces, una simple conversación abre un espacio para que alguien hable con honestidad sobre lo que está cargando.
La salud de los hombres es más que medicina.
Es relaciones. Es propósito. Es prevención. Es resiliencia. Es saber cuándo pedir ayuda y cuándo ofrecerla.
Sobre todo, es reconocer que cuidarte no es algo que haces a pesar de quién eres.
Es algo que haces porque eres quien eres.
Este mes, agenda la cita. Haz la llamada. Sal a caminar. Contacta a ese amigo. Ten esa conversación. Pregúntate cómo estás.
No tienes que hacerlo todo hoy.
Solo empieza por algún lado.